martes, 7 de julio de 2015

Marcos Alonso, " Historias de microtintas y otros cuentos"

Portada del libro
Uno llega hasta donde llega (que últimamente no es mucho). Una de las satisfacciones mayores de los últimos meses ha sido poder prologar "Historias de microtintas y otros cuentos" de Marcos Alonso.
He tardado más de lo previsto en subir este micro, por una sola razón: quedé con Marcos en hacerme una foto con su libro ante un monumento de Segovia. Y aún no lo he hecho... No será porque falten lugares en la ciudad donde hacerlo, sino porque los días en que he podido hacerlo, se me ha olvidado salir con el libro de casa... Pero todo llegará.
O eso espero.
Y éste ha sido el prólogo que abre un libro, cuyos textos creo que son de lo más apetecible para cualquier lector, sobre todo si quien lee es de los que cree que el ser humano, aún en los casos más complicados, siempre merece una oportunidad, al menos la de explicarse:

Una cierta mirada
(Microrrelato a modo de introducción)
Tras apagar el ordenador, estirar los brazos y frotarse con índice y pulgar los párpados de sus ojos azules, pues el cansancio era tierra colada en ellos —creyó la arena que eran retazos de mar—, dio por concluida la tarea.
Esta vez no era un poema ni era la enésima corrección de “Andamana…”. No, en esta ocasión, y después de mucho discutir consigo mismo, sus recuerdos y unos cuantos de sus personajes, al fin había dejado zanjada la cuestión.
El libro de relatos estaba listo.
Y pensó.
Pensó en el tiempo transcurrido desde que se le ocurriera abrir aquel blog en que iba dejando retazos de sus letras que viajaban como mensajes lanzadas al espacio en naves siderales invisibles a la espera de que en alguna isla solitaria, algún náufrago diera con tales historias.
Luego, antes de ir a la cama, asomado a la ventana dispuesto a empaparse de estrellas —relajante eficacísimo para el espíritu—, pensó en que el mundo está lleno de tantas gentes cuya historia necesita ser contada porque sí, porque no es peor ni menos atractiva que otras que pululan en tantos y tantos libros. Concluyó con una sonrisa tenue: He cumplido con una porción de esta infinita tarea.
A los dos o tres minutos, mientras procuraba no hacer ruido para no despertar a su compañera, se reiteró por enésima vez que el mundo está dirigido por hacen de las apariencias combustible para que funcione. El día en que se demuestre que la mejor gasolina es la voz y no los ecos, se les habrá acabado el chiringuito, afirmó para sí y no se dio cuenta que los pantalones se habían caído al suelo. Quizá, se dijo —la pelea con una manga del pijama era encarnizada—, la única batalla legítima de los escritores es desenmascarar la mentira de la apariencia. Acaso, murmuró sintiendo la pleamar de una sábana en su torso, quien escribe un relato o un poema —debería volver a escribirlos— deba auscultar el rumor de la vida como el médico escruta el corazón dañado.
Mientras era derribado por el sueño, los personajes de los cincuenta relatos y minicuentos de “Microtintas y otros cuentos” debatían entre sí con susurros sólo perceptibles por los elfos y algunos insomnes especialmente adiestrados para analizar radiografías en la brisa. Hubo una conclusión general, casi unánime —acaso Peggy decidió abstenerse…, era demasiado coqueta para aceptar cierto matiz en una de las frases en que Marcos Alonso la había descrito—: todos, como mínimo, reconocían que el autor canario les había despojado de las máscaras con delicadeza y había desvelado su auténtico rostro. Hasta Jose comprendía que era verdad cuanto se decía sobre la verdadera naturaleza de su ser en apenas dos pinceladas, precisas como resonancia magnética; eso sí, malhumorado se dirigió a la mazmorra de los castigados, y entró en un mutismo incombustible.
A miles de kilómetros, días más tarde, un escribidor de Castilla que había conocido su blog antes que a su autor, y que años después vivió junto con el canario y otros cinco plumigos (afortunado neologismo debido a la sutil y bondadosa ironía de Marcos Alonso), descubría que lo importante de “Microtintas y otros cuentos” era esa cierta mirada azulina del escritor que arrojaba tanta misericordia sobre los seres humanos y que con mucha ironía y mucha delicadeza pretendía que el lector descubriera que la verdad de cada individuo poco o nada tiene que ver con las apariencias.
Marcos Alonso
Aquel segoviano, invitado por su amigo a escribir el prólogo para un libro con tantas cosas buenas, pensó que sus palabras serían breves, para que fueran concordantes con los relatos, y, de paso, evitar enojosas dilaciones y vanas palabras al lector. Pero, sobre todo, pensó que le encantaría ser uno más de cuantos habitan “Microtintas y otros cuentos”. Desde entonces, gracias a la osadía que otorga la amistad, se mezcla con los personajes y junto a ellos y a Marcos Alonso (nuevo actor del texto), disfruta de conversaciones y murmurios sólo audibles para elfos, gnomos y poetas durante ciertas noches de insomnio y melancolía.


*
Tras la 'amenaza' del autor vertida en su comentario, no me ha quedado más remedio que salir corriendo y hacerme la fotografía. Aquí os dejo la prueba

3 comentarios:

Marcos Alonso Hernández dijo...

Estaba terminando de hacer un comentario cuando de improviso desapareció sin saber cómo ni por qué. En cualquier caso, quería agradecer a Amando no sólo su colaboración necesaria en este libro de relatos, sino celebrar tener la suerte y el privilegio de haberlo conocido y disfrutar de su amistad. Decía en el comentario desaparecido que Amando toma forma, muchas veces, de oráculo donde consultar, en medio de las tempestades o en los mares en calma, qué derroteros seguir para llegar a buen puerto. Sin duda es, además de un escritor extraordinario con tantos registro, un verdadero maestro que sirve de ejemplo y anima al viajero a seguir su rastro.

PD: eso sí, la foto no te la perdono.

Marina Fligueira dijo...

Bueno de nuevo por aquí leyendo otra reseña como para felicitarte de otra vez, del libro de relatos de Marcos Alonso. Seguro que está muy interesante a judgar por tus letras.
Echaré un vista a su blog en cuanto pueda.



Marina Fligueira dijo...

Por cierto, la foto, estas estupendo, hecho un mozo, pues todavía lo eres.